Y tú... ¿cómo andas de egoismo? (III)

Revista Psicología número 152
Por Carlos Odriozola, Psicólogo


Contribuir al bienestar de los otros es una forma de egoísmo, ya que de ello depende nuestra felicidad. Carlos Odriozola lo llama "egoísmo altruista".

Todos tenemos la necesidad de sentirnos solidarios con el prójimo, aunque no seamos conscientes de ello.


En el número anterior me detuve presentándote el egoísmo, más que como una opción, como una condición inherente a nuestra pertenencia al universo: plantas, árboles, animales, estrellas, soles y galaxias... Todos formamos parte del universo y con él compartimos su principal característica: la expansión y el propio desarrollo como objetivo último. Pues bien, me despedía con un interrogante: ¿todos los egoísmos son iguales? Mi respuesta es clarísima: no, no son todos iguales.

Es cierto que egoísta es aquel que mira solo por sus necesidades. También es cierto que todos, en todo momento, estamos atendiendo a nuestras necesidades. Ahora bien, las necesidades de cada uno son distintas, como son distintas las personas, luego también el egoísmo de cada uno se diferencia del de los demás en función del abanico de necesidades de cada uno. Para cerrar esta reflexión es importantísimo que me detenga a matizar la respuesta: Todos somos igualmente egoístas, pero no todos los egoísmos son iguales.


Potenciar el bien ajeno


En los artículos anteriores me he detenido en demostrar la idea de que todos somos egoístas, puesto que siempre estamos satisfaciendo necesidades nuestras. Hoy quiero detenerme en la segunda: No todos son iguales. Hay personas cuyas necesidades son todas egocéntricas.

Javi tiene las cosas muy claras: "la vida son tres días y hay que vivirla a tope. No hay que complicarse. Cuanto más dinero, mejor. El dinero es lo único que me asegura poder hacer lo que me dé la gana". Javi es un claro ejemplo de egoísmo egocéntrico donde su bienestar es consecuencia de satisfacer necesidades que tienen que ver solo con él.

Ahora pensemos en alguien que, además de cubrir sus carencias, necesita ver que el entorno, la vecindad, el país, y el mundo prosperen también en términos de bienestar. Y estas personas egoístas solidarias van a tratar de potenciar la felicidad de los demás porque está en juego la suya. Es muy fácil: resulta difícil, por no decir imposible, que unos padres sean felices cuando son testigos del infortunio y la desgracia de cualquiera de sus hijos. Como parece imposible que un miembro de la se sienta pletórico cuando está conviviendo con la infelicidad de su acompañante. Vamos a poner energía en que esas personas estén bien, porque es una necesidad nuestra contribuir a su bienestar.

Es más. Todos conocemos personas que, sin tener un lazo afectivo directo, se ocupan y preocupan del bienestar de los demás. ¿Por qué? Porque la solidaridad, la compasión y el compromiso con la humanidad y la naturaleza son necesidades suyas, que tienen que cubrir para estar bien. Así hay muchas personas que deciden dedicarse a favorecer el bienestar de otros. Este egoísmo altruista es entonces, aunque egoísmo, bien distinto al egoísmo egocéntrico. Mientras el primero es improductivo en términos de progreso social, el segundo es beneficioso para la humanidad.


En el mismo barco


Yo, como psicólogo humanista, creo francamente que todas las personas, todas, tenemos esa necesidad de sentirnos solidarios con el prójimo, con la humanidad. También es cierto que por motivos sociales, ambientales, económicos y de educación, no todas las personas llegan a hacer conscientes esas necesidades dentro de su jerarquía de valores. Estar, están, pero hay que encontrarlas. Es uno de los objetivos del autoconocimiento o crecimiento personal. Se trata de trascender el concepto de dualidad (tú—yo) para entender que todos estamos en el mismo barco; que el dolor de mi hermano es mi propio dolor, que su alegría es la mía y que todos somos uno.

Ahora desde distintos medios de comunicación salta la noticia de que, como consecuencia de los recortes sanitarios en Cataluña, un grupo de profesionales de la salud se han ofrecido para atender gratuitamente a pacientes con graves enfermedades.

De forma más silenciosa, hay muchas familias que acogen en su mesa a familiares o vecinos que están en dificultades. Cuanto más grave es la situación, surgen con más fuerza nuestros valores más bellos. Una vez le preguntaron al Dalai Lama por el sentido de las crisis y el dolor en la humanidad. Dalai Lama contesto: "Contribuyen a que surja lo mejor de cada uno de nosotros".