Tu Personalidad, una manifestación del miedo

Revista Psicología número 133
Por Carlos Odriozola, Psicólogo


Desde bebés aprendemos que el afecto nos lo tenemos que ganar satisfaciendo las expectativas de los demás. ¿Consecuencia? Nos ponemos máscaras.


Somos el resultado de nuestra carga genética, de nuestras experiencias infantiles y, más expresamente, de lo que a día de hoy decidamos hacer con nuestra carga genética y nuestras experiencias infantiles. Pero ¿cómo se ha fraguado la historia de nuestra mal llamada "identidad", o lo que vulgarmente llamamos carácter o forma de ser?

No os traigo ni buenas ni bonitas noticias. Os voy a contar uno de los episodios más tristes y preocupantes de nuestra humanidad. Lo que he dado en llamar "ciclogénesis afectiva". Como sabéis, desde que nace el bebé comienza a recorrer una larga y difícil trayectoria de adaptación y educación que tiene como objetivo irse integrando 'como es debido" en su correspon- diente núcleo familiar, vecinal y social.

Digo que el recorrido es largo porque va a durar un extenso periodo de tiempo: i toda una vida! Y digo que es difícil porque implica adaptar sus necesidades a las necesidades del entorno de quien depende, para su supervivencia.


La lógica de la carencia


Este planteamiento sería triste pero nada extraordinario si no fuera por las investigaciones y conclusiones que sobre el desarrollo de la inteligencia elaboró el doctor Piaget.

Resumiendo sus trabajos, puedo decir que hasta los 7 u 8 años ¡no empezamos a tener uso de razón! Esto significa que todos los aprendizajes, o mejor dicho las adaptaciones realizadas hasta entonces, no se dan por vía intelectual, mediante la comprensión y el razonamiento, sino por vía emocional, mediante el acercamiento-retirada, la aprobación-rechazo. Puesto que nuestros pequeños "carecen de lógica", tienen que funcionar con la "lógica de la carencia".

Así, si su forma de comportarse coincide con las expectativas y necesidades de los adultos, el resultado es el acercamiento y la aprobación. Si, por el contrario, el niño llora cuando "no tiene que llorar", come "lo que no tiene que manifestación del miedo comer", hace pipí "cuando tiene que estar seco" o no es cariñoso "cuando tiene que serlo", lo que va a recibir va a ser distanciamiento y rechazo.

De una forma mucho más clara: si no te comes todo, "mamá no te va a querer"; si no te duermes pronto, "papá se va a enfadar"; si no le dejas tu juguete a tu hermanito, "no va a querer estar contigo nunca más".


El origen de la neurosis


Y esto es... chantaje emocional puro y duro. Y así, generación tras generación, de la mano del chantaje emocional todos hemos ido vivenciando que el afecto y el acercamiento nos los tenemos que ganar a base de identificar, cumplir y satisfacer las necesidades de los demás.

Y éste es el origen de nuestra neurosis, la historia de nuestro carácter, el fracaso de nuestras posibilidades, la renuncia de nuestras polaridades.

Así, vamos construyendo una forma de ser (carácter) al servicio de sobrevivir en un mundo donde no somos queridos por lo que somos, sino por cómo nos comportamos.

¿Grave, verdad? Pues lamento tener que decirte que la verdadera tragedia es, además, que nos hemos prostituido afectivamente, creando un personaje al servicio de mendigar la aprobación del entorno, y hemos terminado cayendo en nuestra propia trampa, creyéndonos el montaje, identificándonos con el personaje.... Somos el personaje.

Y fíjate: si analizamos los dos conceptos fundamentales de este artículo, personaje y carácter, pues resulta que personaje viene de personae, y así era como llamaban en el teatro clásico... a las máscaras que utilizaban los actores para salir al escenario. Y carácter viene del griego caraxo, que viene a significar lo acuñado, lo grabado, lo impreso.

Es decir, que el concepto de persona (je) te pone en contacto con tu falsedad, con tu apariencia, y el de carácter con la cronificación de esa falsedad.

Ya "eres" un automático, una programación, una compulsión a la repetición, un condicionamiento, una criatura virtual desprovista (perdón, desconectada) de la conciencia.

Este es el drama, la gran mentira en la que todos participamos. Es la identificación con una estrategia donde nos creemos que somos lo que auténticamente... i no somos!

Como resultado del miedo al rechazo, al abandono, a la soledad, terminamos optando por una vida light, limitada, insuficiente, castrada e insatisfactoria. Eso sí, a cambio de recibir migajas de aprobación.

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