Tres mentiras sobre la libertad

Revista Psicología número 148
Por Carlos Odriozola, Psicólogo


Ser libre es ser capaz de elegir. Y eso asusta. A veces preferimos presentarnos como víctimas del destino para obviar esta realidad.


Cada persona tiene su propio campo de posibilidades. Estas no destruyen la libertad, solo la determinan.


Quedamos el mes pasado que la libertad era la capacidad de elegir dentro de mis posibilidades. Y todo lo que luego nos va ocurriendo en la vida, en el día a día, es consecuencia de esa libertad y, por tanto, de nuestra responsabilidad.

También comentábamos que, ante esa realidad, "preferiríamos no ser libres".

Si no somos libres, no somos responsables de nuestras elecciones.

Por eso, dedico el artículo de hoy a presentarte las tres grandes excusas a las que solemos recurrir para demostrar la falta de libertad, para presentarnos ante el mundo como víctimas en lugar de como protagonistas.


1. No somos libres porque estamos condicionados


Y yo añado: ¡ condicionadísimos ! Piensa simplemente en las distintas consecuencias que puede traer el nacer en familias de distinto estatus económico o social, crecer en un barrio u otro, en un país u otro... Son circunstancias variables y que traerán al niño importantes consecuencias. ¿Esto significa que no tiene libertad? En absoluto.

Lo que sí significa es que el abanico de elecciones va a ser distinto según las circunstancias que le rodeen. Cada persona va tener su propio campo de posibilidades. Los condicionamientos no terminan con la libertad, sólo la determinan.


2. No soy libre porque no puedo conseguir lo que me da la gana


Este es otro intento desesperado para eludir la libertad. La aberración es enorme cuando nos damos cuenta del error que supone identificar la libertad con la omnipotencia.

Recuerdo un programa de televisión cuyo contenido tenía que ver con la libertad de enseñanza en España. Era una mesa redonda formada por representantes de los ministerios de educación, altos cargos de instituciones docentes y unos representantes sindicales. Después de una amplia presentación del tema y posterior debate, tomó el micrófono una espectadora y, ni corta ni perezosa, se expresó de la siguiente forma: "Esto es un teatro, una pantomima, yo voy a demostrarles en 10 segundos que en España no hay libertad de enseñanza. A mí me hubiera gustado que mis hijos se educaran y terminaran sus estudios en la Universidad de Oxford. Y bien, ¿dónde están estudiando? ¡En Getafe! ¿De qué libertad me están hablando?"

Aunque parezca mentira, aquello cayó como una bomba y, tras un ligero desconcierto, el coordinador decidió ir a publicidad hasta hoy.

¿Qué estaba ocurriendo? Que la susodicha señora identificaba la libertad con el poder hacer o conseguir "lo que le diera la gana". Curiosa capacidad históricamente reservada a... Dios.

Te recuerdo que la libertad es la capacidad de elegir "dentro de mis posibilidades", por eso no somos libres para poder volar, ni para desarrollar ramas como los árboles ni para desplazarnos a la velocidad de la luz.


3. No hay libertad porque elegir implica consecuencias


Pues bien, que precisamente después vengan las consecuencias, es lo que explica nuestra capacidad de elegir.

Elegimos en función de las consecuencias que acarrean nuestras decisiones: antes de tomar una u otra opción, valoramos las consecuencias de cada elección y elegimos aquella que nos traiga las más favorables. Un ejemplo. En mi época de estudiante existía en España el servicio militar "obligatorio", y lo pongo entre comillas porque en realidad no era así.

Nosotros podíamos elegir entre hacer la mili o no, y lp decidíamos precisamente valorando las consecuencias. Mientras unos optamos por "coger las armas" y formar parte del entramado militar, otros compañeros fieles a sus ideas y principios "eligieron" no hacerla, asumiendo dos años de prisión.

Siguiendo este argumento, podemos extender el ejemplo a pagar o no a Hacienda, las multas de tráfico, la hipoteca, la factura de la luz, etc...

Elegiremos por tanto, en cada caso, aquella opción que nos traiga las consecuencias más favorables según nuestros intereses, valores y principios.

Ante la libertad, y por extensión ante la responsabilidad, no tenemos escapatoria.

Así que ya sabes: somos libres o… libres.