La elaboración del duelo

Publicado en la Revista del Psicólogo
Septiembre del 2002
Por Carlos Odriozola, Psicólogo



A raíz del sufrimiento que están padeciendo, los familiares y allegados de las víctimas de los atentados de EEUU, estamos escuchando a distintos profesionales de la salud comentarios relativos a la importancia de una adecuada elaboración de duelo. ¿Qué signifca esto exactamente? ¿Porque esto es tan importante?

Anteriormente al oír la palabra duelo nos imaginábamos a alguien vestido de negro en un funeral, entierro o velatorio.

Es decir el referente del duelo era la muerte y el objetivo "olvidar cuanto antes para rehacer la Vida".

En la medida en que la Psicología y la psicoterapia a van acercándose a nuestras más profundas necesidades las concepciones anteriores sobre el duelo quedan obsoletas y nos situamos en otro campo cuantitativa y cualitativamente diferente.

El duelo entendido como el conjunto de manifestaciones fisiológicas, intelectuales, emocionales, conductuales y espirituales que se manifiestan como consecuencia de una perdida, trasciende el supuesto del fallecimiento y nos sitúa frente a un amplio abanico de pérdidas que invariablemente se suceden y solapan en el transcurso de nuestra vida.

Nacimiento, destete, primera infancia, escolarización, pubertad, adolescencia, madurez y envejecimiento son, desde un punto de vista evolutivo, una sucesión de pérdidas que nos "invitan" a nuevas ganancias.

Desde el punto de vista afectivo, enamoramientos, noviazgo, pareja, separaciones, divorcios, abortos fallecimientos, vuelven a ponernos delante cierres, finales, perdidas que de nuevo "invitan" a nuevas posibilidades.

Profesionalmente (paro, desempleo, ascensos, jubilaciones...). Corporalmente (perdida de forma, enfermedades...). Socialmente (status, cambios de residencia...), estamos constantemente dejando atrás estadios que nos invitan a disfrutar y/o llenarnos ante nuevas oportunidades.

¿Por qué digo "invitan" y no digo "traen"?

Porque mientras traer implica que algo me llega independientemente de mi actitud, invitar supone una posterior decisión por mi parte en el sentido de aceptar o no lo que se me brinda. Mientras en el traer soy testigo de lo que viene, ante la invitación soy protagonista de lo que ocurra.

Y es aquí donde está el meollo de esta reflexión.

¿Qué va a decidir el que una perdida tenga connotaciones de abandono, vacío, desolación o que por el contrario deje la puerta abierta a posteriores ganancias? pues desde mi punto de vista la forma en la que dicha perdida haya sido elaborada y en un lenguaje más popular del sabor que quede en mi boca.

Si después de un tiempo prudencial de la perdida, mis sentimientos son de sufrimiento, desesperación, carencia y vacío, difícilmente abriré mis brazos y mi corazón a nuevas realidades. Frases como «una y no más", "no me pillan en otra", "entrégate para esto", "amar ¿para qué?" evidencia que el resultado de la experiencia es tan doloroso, tan negativo que decido no "investir" nuevas relaciones, estados o vínculos.

Mi propuesta, mi alternativa, va claramente en el sentido opuesto. La única posibilidad de aceptar las perdidas y acudir de forma abierta y esperanzadora a las "nuevas invitaciones" de la vida, está en mirar atrás y conectar con un sereno y gozoso sentimiento de AGRADECIMIENTO.

El Proceso M.A.R. (Movimiento hacia el Agradecido Recuerdo) se entiende desde las siguientes premisas:

1.- Un duelo está elaborado cuando el sentimiento que prevalece es el sereno Agradecido Recuerdo.

2.- Cualquier otro sentimiento: rabia, indiferencia, desesperanza, vacío... evidencian un duelo no realizado.

3.- Detrás de un duelo no saneado está el sentimiento de CULPA.

4.- La CULPA es un proceso intra-psíquico y no interpersonal por lo que no es necesaria la presencia del ausente para su elaboración.

5.- Una vez saneada la CULPA, con la comprensión y el perdón, aparece invariablemente el gozoso sentimiento de Agradecido Recuerdo.

6.- Desde el Agradecido Recuerdo recibo y me dispongo a seguir comprometido, entregándome a los múltiples vínculos que la vida me proponga, desde la experiencia de que los anteriores fueron prolíficos y duraderos en sus frutos.

Bien, esta es en definitiva una visión humanista de la Vida configurada por una espiral en donde la perdida deviene en ganancia, el fin en comienzo y la muerte en resurrección.