¿De verdad crees que lo tuyo es amor?

Revista Psicología número 137
Por Carlos Odriozola, Psicólogo


Es importante que reconozcamos con humildad los desamores que hemos cometido como padres, hijos, compañeros... para transformarlos en amor.


El tema que hoy vamos a matar se va a prestar a muchas dudas, cuestionamientos y debates. Es un tema un tanto tabú, pero precisamente por eso debemos dedicarle su tiempo. Voy a tratar de cuestionar tu amor, mi amor y el amor de la humanidad entera.

La hipótesis que hay detrás de este artículo es que, de la misma manera que no es oro todo lo que reluce, tampoco es amor todo lo que queremos creernos. Amor es posiblemente una las palabras más usadas a lo largo de nuestra historia. En un solo segundo, google nos ofrece 154 millones de páginas relacionadas con el amor, y, curiosamente, cada página sugiere un concepto de amor con matices y significados en ocasiones bien distintos. Y ocurre que esta disparidad de contenidos que damos al concepto de amor tiene lamentables consecuencias.

Tanto en terapias de pareja o de familia, me he visto en muchísimas ocasiones en medio de un fuego cruzado entre distintas partes que luchaban por hacerse con la propiedad, con la bandera del "verdadero" amor. Por ejemplo:


  • Es que tú no me quieres.
  • ¿Qué yo no te quiero? Yo te quiero más que a mi vida.
  • Sabrás tú lo que es querer. Si me quisieras sólo la mitad de lo que yo a ti...
  • Pues si realmente me quisieras, no me estarías diciendo esto.
  • Precisamente lo contrario. Si te lo digo es porque te quiero...

¿Te suena? Esta conversación, este peloteo, podría no tener fin. Así que, para tomar conciencia de semejante disparidad de criterios y de sus consecuencias, te propongo que escribas de forma breve y espontánea tu definición de lo que es amor (si te parece, hazlo antes de continuar leyendo). Tras haberlo pedido a los oyentes en alguna de mis conferencias, el resultado no puede ser más sorprendente. "Amor es generosidad", dice uno "No, el amor empieza por uno mismo" añade el compañero". "Qué va, para mí amar es aceptación". "Pues para mí es sacrificio”. ”Y para mí, alegrarse de la existencia". "Pues yo creo que amar es dar sin esperar nada a cambio". "Qué va, amar es poner límites y saber decir que no"…..

Así oímos 30 o 40 intervenciones cada cual más distinta.

Ya te puedes hacer una idea de las penosas consecuencias que nene en nuestras relaciones afectivas. Entre otras cosas, esto explica cómo a lo largo de la historia, sacrificios, inquisiciones, guerras, terrorismos o malos tratos se hayan hecho bajo la bandera del amor: amor a los dioses, a la religión, a la patria o la pareja...


¿Padres e hijos se quieren?


En este propósito de encontrar una definición unívoca de lo que es amar, se me ocurre que podríamos observar las relaciones de los padres con sus hijos, ejemplo histórico de amor incondicional, Y en esas estamos, cuando viene M. Scott, psicoterapeuta americano, autor del libro nueva Psicología del Amor y nos suelta una frase lapidaria que nos deja temblando: ' 'Las dos mentiras que más daño hacen a la humanidad son: el amor de los padres a los hijos y el amor de los hijos a los padres".

Entiendo cómo te estás sintiendo al leer esto, entiendo tu incredulidad y tu cuestionamiento. Sin embargo, y siendo coherentes con la idea de que nuestras conductas pueden estar conducidas por el amor o por el miedo, es de pura lógica que yo como padre también pueda manifestarme en unas ocasiones como padre amoroso y en otras... no tanto.

Cuando en mis conferencias llegamos a este punto, el ambiente se puede cortar con un cuchillo. Así que suavemente propongo si a alguien se le ocurre alguna situación concreta en la que se ponga de manifiesto un comportamiento poco amoroso de un padre o madre con su hijo...Alguien, un tanto titubeante, comienza: "Unos padres no quieren a su hijo cuando le comparan y le humillan". Otro continúa: "Tampoco cuando le gol- pean o le insultan" o "Cuando no le permiten crecer y hacerse independiente". Y dice otro: "Cuando no le apoyan y no le dan confianza, o no le dedican tiempo, o no le acarician". Y les importa más el qué dirán que la felicidad del hijo", o cuando...

Así que no es honesto ni sostenible defender que, por el mero hecho de tener un hijo, todos nuestros comportamientos vayan a ser amorosos. Ser progenitores no nos convierte en "padres", de la misma manera que comprar un violin no nos convierte en violinistas. Es muy importante que humildemente reconozcamos nuestras limitaciones amorosas, bien como padres, hijos, compañeros... porque sólo tomando conciencia de nuestros desamores, podemos transformarlos en verdadero amor. Cualquier toma de conciencia, por dolorosa que sea, es siempre digna de celebración.

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